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martes, 5 de abril de 2016

Agudeza visual.


            Durante la tediosa faena de desherbado, me da por pensar si tanta hierba inútil en apariencia serviría para algo más que para alimento del ganado o compostado de la tierra. Nos esforzamos en eliminar las malas hierbas para fomento de las buenas, las que nos interesan como alimento.
            Dejando vagar la imaginación, pienso: ¿...y si todas las hierbas fueran comestibles?. Es evidente que eso es una quimera, pero tampoco el primer hombre que sembró una semilla las tenía todas consigo, y al final terminó inventando la agricultura...
            Así que mi idea era, es, intentar que el mayor número de plantas que salen espontáneamente sean comestibles, y por eso suelo dejar que dos o tres ejemplares de cada cosa que plante, terminen su ciclo por completo, permitiendo que sus semillas caigan al suelo y germinen. En la mayoría de ocasiones estas plantas no son de buena calidad, pero otras veces me sorprendo de que cada vez y con las sucesivas siembras se vaya mejorando, como pasa con las carillas o con el maíz de palomitas.
            Pero si no sabemos distinguir lo comestible de las malas hierbas cuando son pequeñas, seguramente en nuestro afán de limpiar la huerta, nos cargaremos lo comestible también.
            Pues bien, hoy os propongo un juego de agudeza visual. A ver si sois capaces de distinguir alguna planta comestible entre estas hierbas.
            Efectivamente, está en una zona donde tengo sembradas espinacas, y tendré que buscar unas hierbitas cuyas primeras hojas sean alargadas, y las segundas redondas. En el centro de la imagen se puede ver una vez eliminadas las malas hierbas de alrededor.

            Pero a poca distancia se puede distinguir otra... ¿la encontráis?
            Correcto, a la izquierda de la plantita de espinaca ha aparecido una plantita de poleo-menta de manera muy clara. Intentaremos respetarla.
            Aún se aprecia alguna planta más. A la derecha de la plantita de espinaca hay unas hierbas alargadas, similares a briznas. Por el análisis de la hoja –es plana- deben ser puerros, bueno, por eso y porque al romperla huelen a puerro.

            Así que en lo que parecía una amalgama de hierbajos, nos hemos encontrado con unos cuantos de plantones que debidamente mimados, podremos aprovechar para consumo.
            Aquí otro ejemplo. ¿Veis lo aprovechable de aquí?

            En efecto, una planta de apio.


            Por tanto, mucho ojo en las faenas de desherbado y algún consejo: hemos de aprender la apariencia de los plantones recién salidos de la semilla pues su aspecto en ocasiones difiere notablemente de la planta adulta, y si tenemos dudas, romper la hoja y olerla. Y quizá algún día lleguemos a conseguir el imposible de hacer que cada vez que quitemos alguna hierba del terreno sea para comérnosla.

martes, 29 de marzo de 2016

Creando patrones francos.


            Se llama árbol franco al ejemplar generado a partir de la semilla del su propio fruto. Dicho ejemplar es muy apreciado como patrón portainjertos por ser la planta mejor adaptada al terreno en cuestión, de todos los frutos que generó el árbol original. El hecho de haber tenido éxito en el propio pie del árbol, supone que va a ser más resistente en esas condiciones.

            Ayer, realizando faenas de siembra en las inmediaciones de un melocotonero durazno encontré tres almendras de hueso de melocotón germinadas ya con brote y raíz.
            Me apresuré a improvisar unos plantones reciclados con botellas de leche y a ponerlos al resguardo del frío y el viento. 
            No es la primera vez que lo hago, pues hace dos años lo conseguí y hoy se puede ver que, por primera vez va a desarrollar flores.
            Este ejemplar, debería haber sido ya injertado, pero al ver que tiene flores, voy a esperar otro año más y ver si cuaja los frutos, para ver si el propio árbol franco tiene una fruta aceptable, en cuyo caso no haría falta el injerto.
            Si no cuajan los frutos o son de baja calidad, aún tenemos la posibilidad de injertarlo con una púa del propio árbol original, y así garantizar la calidad de la fruta en un ejemplar totalmente rejuvenecido.

viernes, 15 de enero de 2016

El gallinero.


Por San Antón la gallina pon. El conocido refrán que nos establece cuál es el mejor momento para montar un gallinero. Resulta que el día de San Antón (San Antonio Abad, monje cristiano ermitaño) se celebra el 17 de enero, y este  año, por fin me he decidido a ponerlo.
Pero en este mi gallinero no podréis buscar lujos ni refinamientos porque lo he confeccionado con restos de trastos viejos y cacharros casi de estercolero (ya sabéis, soy el rey del reciclaje, y primo de Diógenes). El objetivo era limpiar un poco la parcela de chismes, y de paso que las gallinas me limpiaran el olivar de hierba, que ya me come por los pies.
Si además conseguimos buenos huevos ecológicos y algo de carne... pues mejor que mejor. Para empezar, el número de gallinas. No quiero más de media docena y un gallo para que las defienda.... ejemm. Así que con un trozo de uralita (eso sí, de las que no contienen amianto), unos hierros, unas sillas viejas y unas cajas de fruta les montaremos un pequeño alojamiento. Lo único que hemos comprado son el comedero y los bebederos.
El objetivo es que vivan lo más libres posible en la parcela que tiene casi 2000 metros. Un lujo para 7 bichos a los que tendremos que enseñar a que fijen su residencia de puesta en el cacho de sombrajo que le hemos hecho.

Tres sillas, a las que les he cortado los respaldos, clavadas al suelo, y sobre ellas unas cajas de fruta con un trozo de césped artificial para que intenten poner los huevos, aunque me temo que con las variedades que he escogido, posiblemente los pongan por ahí en cualquier lado, creo que será suficiente.
Los bebederos son automáticos. Cuando van a beber, casi sin querer accionan la barrita metálica que deja pasar el agua. Este sistema evita que al escarbar las gallinas ensucien toda el agua. Un depósito de ocho litros les proporcionará autonomía de al menos una semana.
También les hemos colocado unos palos para la dormida. Y por lo demás estarán casi al descubierto porque creo que aquí en Extremadura el problema de las gallinas no es el frío, sino más bien el calor, así que cuanto más ventilación tenga el gallinero, mejor.
Como es una nueva aventura para mí  esto de los animalitos, y no sé cómo va a resultar, tampoco he querido hacer mucha inversión en ellas. Aunque si todo va bien, quizá más adelante les construya un gallinero como Dios manda.
Las variedades que he elegido son la “roja ponedora” y la “leghorn blanca”. Que ¿por qué?, pues no lo sé muy bien. Quizá porque son las más fáciles de criar y dan la mayor producción de huevos, pero en realidad cada una tiene su personalidad y características.
La roja ponedora es muy dócil. Es una variedad conseguida a base de depurar otras razas. Este animal  es capaz de poner alrededor de unos 320 huevos marrones de más de 60 gramos, el primer año. También es buena para carne, con un peso de 2,2 Kg. y cría con facilidad.
Sin embargo la leghorn es una raza más agreste, creada en Estados Unidos por depuración de las que importaron en 1835 de Italia. Es más nerviosa y le gusta vivir en libertad tanto que es capaz de dormir a la intemperie o encima de algún árbol, incluso bajo la lluvia. No tiene instinto maternal y por ello no se pone clueca, con lo que no deja de poner en toda su vida fértil. Más ligera que la roja, puede poner 300 huevos blancos de entre 55 y 63 gramos.
El gallo lo hemos cogido de la variedad leghorn porque de esa manera, si alguna vez me crían pollitos, que salgan de una variedad pura o lo más pura posible. El gallo es un espectáculo verlo pavonearse delante de las gallinas. Se lo va a pasar de lujo...
El coste total ha sido de unos 75 €, contando con lo que valen los animales, el comedero, bebedero y una comida de aporte de grano de trigo, maíz y cebada, con el que seguramente tengan para unos tres meses. Sostenible si producen suficientes huevos para no tener que comprar en todo el año.

miércoles, 14 de octubre de 2015

El gratificante aporcado.


            En agricultura “aporcar” es “amontonar” la tierra entorno a la planta para conseguir ciertos beneficios. Es una de las faenas más tediosas en apariencia pero con la que obtenemos mejores resultados en nuestros cultivos.
            Hace aproximadamente unos 15 días que sembramos los plantones de invierno. Las lechugas, brócolis, romanescus y coles de bruselas (en general las brásicas y plantas de hoja ancha), y como este otoño está siendo bastante benigno en cuanto a temperaturas y precipitaciones –aunque hacer esa afirmación en Extremadura es arriesgado-, los plantones van viento en popa y a toda vela.

            Ya vimos cómo se sembraban los plantones, y cómo dejábamos una pequeña hendidura entorno al plantón para facilitar que se acumule la humedad. Ahora ya hemos visto como las raíces están prosperando y extendiéndose por el terreno más allá de sus cepellones. Eso quiere decir que la planta está tomando los nutrientes del terreno y por esos en muy poco tiempo ha duplicado –incluso triplicado- su tamaño.

            Pero estas lluvias, no sólo han conseguido este milagro de hacer crecer nuestras plantitas más apreciadas, sino también las malas hierbas empiezan a hacer su aparición, todavía incipientes, pero ya apreciables en todo el caballón.

            Es el momento de aporcar. Con ello obtenemos varios beneficios.
-         Conseguimos eliminar las malas hierbas. En este momento no son competencia para nuestros plantones, pero indudablemente en muy pocos días lo serán y nos resultará más difícil eliminarlas cuanto más tiempo pase.
-         Oxigenamos el terreno. Las lluvias han apretado la tierra. Mientras se mantenga húmeda no habrá problemas, pero en cuanto paren las lluvias y vengan las heladas el terreno apretado detendrá las raíces y toda la planta se parará.
-         Reforzamos los tallos. Los plantones a estas alturas han perdido algunas de las primeras hojas. Eso unido a las pequeñas hendiduras en forma de cuenco que dejamos recien sembradas han dejado muy al descubierto los tallos. Con esto los tallos se refuerzan siendo más resistentes a los posibles vientos que sin duda vendrán.

             El aporcado no solo beneficia a la planta, también nos deja una agradable visión de nuestra huerta. A partir de ahora, veremos crecer nuestras plantas más sanas y libres de limacos, que serán más vulnerables a sus depredadores sin la protección de la maleza.
Con una buena carda y en un rato tendremos una huerta de envidia.

miércoles, 8 de abril de 2015

El entresacado, una faena dolorosa.


            Y no me refiero al dolor que te produce en la espalda el cardado, el sachado o el desherbado. Nos pasamos todo el año cuidando a nuestro árbol, podando, curando, regando, y cuando ves que va dando su fruto, tienes que retirar parte de la futura cosecha. Pero ¿por qué es necesario?
            Quizá desde el punto de vista del hortelano esto se puede entender como un fallo del árbol que merma la producción. Pero la Naturaleza lleva otros ritmos y tiene otros objetivos que no son los del aprovechamiento por los humanos.

            Las plantas están genéticamente programadas para crecer y reproducirse. Cada una a su manera, y los frutales lo hacen generando frutos que contienen semillas. A más fruto más posibilidades de propagarse.

            En el fondo, una floración excesiva es síntoma de que el árbol se encuentra en optimas condiciones de humedad, nutrientes, temperatura etc. y por eso aprovecha para propagarse lo máximo posible.
          También está programado para los posibles contratiempos que surjan durante la maduración de la fruta. Muchas flores se caen, otras no llegan a fecundarse, sin contar con la cantidad que se desprende por medios mecánicos externos como la lluvia, el viento, el granizo, los pájaros e insectos, etc.

            De esta manera, dependiendo de la variedad, la prevalencia oscila entre un 1% de los olivos (es decir de cada 100 flores, sólo 1 llega a ser aceituna) y un 30% en albaricoques. 
Estos porcentajes son muy variables en función de las condiciones medioambientales e incluso de la climatología específica de la zona o el año concreto.


            El entresacado hay que realizarlo cuando la fruta es ya visible y tiene buen aspecto. No antes, porque corremos el riesgo de eliminar la fruta que el propio árbol ha elegido para madurarla, con lo que es posible que se caigan las que dejes y se reduzca la cosecha considerablemente.


            A mi no me gusta entresacar, pero considero que es muy necesario tanto para el árbol como para el aprovechamiento de la fruta. Tendremos menos cantidad de fruta pero más calidad y mas grande. Para el árbol supone mucho menos esfuerzo, con lo que la recuperación para la cosecha siguiente es más rápida, se evita la vecería y el envejecimiento prematuro del árbol.
            Dependiendo del tamaño medio que adquiera la fruta una vez madura, habrá que dejar más o menos cantidad. Por regla general, se debe dejar sólo un fruto cada 5 ó 10 cm. –cosa que no cumplo, dejo dos frutos cada 5cm. Ya cuento con que la fruta quedará más pequeña, pero me da tanta pena...-
            Hay árboles que se entresacan solos. Los naranjos, por ejemplo, llegado el momento, tiran la fruta que no van a ser capaces de alimentar. Los olivos hacen lo propio. Las cerezas no se entresacan porque es un fruto muy pequeño en comparación con la envergadura del árbol, y puede con ellas.

            Es difícil conseguir un equilibrio entre lo que le interesa al árbol y el aprovechamiento del mismo. Espero que al menos este año hayamos acertado, aunque miro al suelo y me sigue dando pena.

viernes, 13 de marzo de 2015

Cultivo de Setas de Ostra (Pleurotus Ostreatus)


            Tengo que reconocer que cuando decidí cultivar esta seta, no tenía muchas expectativas. Sabía que el cultivo de champiñones es bastante complicado por necesitar humedad, calor y oscuridad, pero al parecer este otro tipo de hongo es más sencillo de criar.
            La seta de Ostra está emparentada con la seta de cardo (Pleurotus eryngii), aunque no es tan apreciada. Crece en la naturaleza en los troncos y tocones de árboles de madera blanda, como chopos, sauces y hayas y su carne es firme aunque algo dura en los ejemplares adultos, de sabor y olor agradable, buena comestible. El nombre lo recibe de la forma de su sombrero que es parecido a una ostra de mar.

            La forma de cultivarla es en apariencia sencilla. En la tienda se pueden encontrar unas alpacas de paja (pacas), forradas con plástico negro. La paja apretada está bañada en una sustancia blanca que contiene las esporas de la seta. Cuando encuentra las condiciones adecuadas de luz, humedad y calor, las esporas comienzan a desarrollarse. Sólo tenemos que ponerla en una zona ventilada pero que no reciba vientos fuertes, con luz del día pero sin que le de el sol, y hacer unos agujeros en el plástico.

            Al principio la coloqué sobre el suelo de tierra directamente, pero las condiciones no eran las adecuadas. Parece que le daba demasiado viento.
            Según las instrucciones que me dieron en la tienda, cada 20 días aproximadamente daría una cosecha, tras la cual permanecería como muerta durante otros 20 días.Nada de regar -aunque yo he pulverizado agua un par de veces-, pero que el suelo contenga humedad. Un sitio ideal puede ser una zona apartada de la huerta, donde se críe musgo. Podrían darse entre dos y cinco cosechas, llegando a producir alrededor de diez kilos de setas. Si la alpaca me costó unos 12€, y el precio del kilo de setas está en torno a los 6€, podría llegar a ser muy rentable.
            Pero la realidad creo que puede ser distinta. De momento, desde que la compré y hasta que ha empezado a producir han pasado dos meses y un cambio de ubicación. También es cierto que desde que se han empezado a ver las setas hasta que he recolectado las primeras, sólo han pasado 6 días, y sólo he recolectado un par de brotes. Ya veremos como sigue evolucionando.
            Las setas en general, incluida esta variedad, son nutricionalmente una joya gastronómica. Los nutricionistas hablan de los hongos en general como una fuente de proteínas de alta calidad. Contienen selenio, un micronutriente que desempeña una labor muy importante en nuestro metabolismo, como antioxidante, hipocolesterolemiante y protección ante algunos tipos de cáncer. El alto contenido en polisacáridos, estimula el sistema inmunológico.
            Contienen un tipo de glúcidos que las encimas humanas no puede digerir, pero que puede ser fermentado por unas bacterias que se encuentran en el cólon, haciendo que el efecto que produce en el organismo sea similar al que produce la fibra alimentaria, regulando el tránsito intestinal. Es por eso que son algo indigestas de digerir, pero curiosamente, personas que tienen una intolerancia diagnosticada a los champiñones (como es el caso de mi esposa), pueden comerlas sin muchas molestias.
            De la tierra a la mesa, o mejor de la alpaca a la mesa. Sólo enjuagarlas un poco, ya que no contienen tierra al haber nacido en la paja. Las troceamos, las rehogamos en aceite de oliva, con un sofrito de ajo y pimiento rojo y un poco de sal. Añadimos medio vasito de vino blanco y dejamos que se merme unos cinco minutos (las setas no deben cocinarse mucho). De aperitivo o añadiéndolas a unos espagueti cocidos están deliciosas. Bon appetit.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Traslado de un olivo.


            Los tiempos de los humanos y de la Naturaleza son distintos. Hace sólo tres años que sembré los olivos y ya he tenido que cambiar de opinión respecto de la ubicación que a priori me parecía de lo más adecuada. La verdad es que sigo pensando que fue la mejor disposición, pero tampoco podía prever que en este corto transcurso de tiempo la producción de aceituna me permitiera poder fabricar mi primer aceite.
            Ahora el problema es de espacio. Me refiero a que ya no tengo sitio para poder realizar todas las faenas de la huerta y guardar mi precaria maquinaria que necesito para ello. Mi alambique para hacer orujo, mi espacio para almacenar las patatas enterradas en arena, sitio para la última fase de maduración de los tomates y pimientos, la prensa para el aceite, espacio para la motoazada, la motosierra, etc. Así que me veo obligado a construir una pequeña nave, que se va a llevar por delante un par de olivos.
            El caso es que me dan mucha pena, sobre todo uno de ellos que está precioso, así que me decido a trasladarlo a otra ubicación, y si tengo suerte salvarlo de una muerte segura.
            Lo primero hago una pequeña zanja alrededor. Las fotos no son muy buenas porque era ya atardecer. Poco a poco voy rompiendo raíces, intentando dejar la mayor cantidad de cepellón posible.

            Monto el olivo en una carretilla y lo traslado a la nueva ubicación, donde ya tengo previamente un agujero proporcionado al cepellón.

            Añado una pala de estiércol y riego con agua.
            Coloco el olivo metiendo todo el cepellón. Queda algo más bajo de cómo estaba, así estará más protegido.
            Intento respetar en lo posible la orientación que tenía originalmente. No sólo porque con esa orientación parece que ha tenido éxito anteriormente, sino porque además la forma es la más adecuada para resistir los vientos dominantes de la zona.

            Arropo con más tierra apretando un poco entorno al tronco. No importa que quede muy aporcado, ya que con los riegos se irá tupiendo. Riego abundantemente y ya está. O no.

            Falta un último toque. Hay que podar las ramas. Es una pena, pero si no lo descargo de arriba, corremos el riesgo de que se seque (aunque de todas maneras, lo tiene muy difícil pero seamos positivos).

            Ahora tenemos que aumentar, al menos los primeros días, el régimen de riegos, para facilitar que la raíz se vaya acomodando. La primavera está cerca y va a demandar mucha agua y nutrientes.
            Ojalá que esta nueva ubicación le proporcione una segunda oportunidad.