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viernes, 15 de marzo de 2013

El hinojo de Florencia.


            A mi tía Leo le gustaba pasear por el campo. Cuando pequeño, después de comernos una sardinas asadas y el pestorejo, antes del café de media tarde, nos animaba a ir con ella a buscar espárragos... o lo que cayera.
            De ella aprendí no solo que al campo siempre hay que salir con el kit de emergencias (una cuerda, una navaja y una bolsa de plástico, por si hubiera que recoger espárragos, cardillos, romazas, o incluso leña), también fue la que me enseñó a distinguir una esparraguera de una jara o un cardillo (o tagarnina) de un cardo mariano. Nos enseñó a reconocer los berros y a no tocar ciertas plantas urticantes o venenosas.
            En esos largos paseos con tía Leo, entre charlas y bromas, cuando se nos secaba la boca, sin agua cerca, nos enseñó que un buen sustituto eran los tallos frescos del hinojo. Masticarlos y tragar su jugo anisado y fresco, calmaba la sed.
             El hinojo es una hierba umbelífera que crece silvestre en los bordes de caminos, aunque se puede sembrar. Yo lo he sembrado en mi huerta porque así crece limpio de polvo.
            Es poco energético pero rico en hidratos de carbono y fibra. Contiene potasio, folatos, vitamina B3 y provitamina A.
            El sabor característico que posee, es debido a un aceite esencial llamado anetol, que le confiere un fuerte poder digestivo y carminativo.
             El hinojo es muy usado en cocina. Le va muy bien a los pescados grasos y a las carnes. Las hojas con aspecto de plumón, muy picadas pueden ser un aliño perfecto para las ensaladas. Los tallos se pueden hervir para consumir como espárragos y tanto los tallos crudos pelados como las hojas muy picadas van muy bien a los huevos escalfados.
            Unos trozos de bulbo añadidos al agua de hervir las berenjenas de Almagro, complementado con un trozo de tallo seco insertado en la propia berenjena, les da un sabor inigualable.
            Las semillas secas del hinojo, añadidas al vinagre en maceración, le dan un sabor muy agradable. También se puede hacer una infusión con las semillas frescas, que además de ser diurética tiene un sabor suave y la propiedad de aliviar los espasmos gástricos y el malestar de estómago. Evita la flatulencia.
             El hinojo se puede emplear como delimitación de zonas, como seto, dando un tono verde vivo a cualquier composición florar, incluido ramos de flores y macizos vegetales.
             Gracias tita Leo por tus enseñanzas. También tú, a tu manera, has contribuido a esa transmisión oral ancestral de los conocimientos del campo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Ajetes


            ... Aquel revuelto de ajetes, trigueros y huevo, salteado con jamón serrano que hacían en el Mesón Extremeño de Don Benito...
            Ese año, a mi novia la habían destinado a esa bonita localidad extremeña, y como no tenía coche, yo la llevaba los domingos y cenábamos en el Mesón a base de picoteo. No sé si esos ajetes eran especiales, o era el intento de saborear hasta el último momento que estaría con ella hasta el viernes que volviera a recogerla, lo que me hace recordarlo de una manera muy entrañable.

            Ayer me llevé una agradable sorpresa en mi huerta. Cuando hablamos de la lucha contra los bichitos, comentamos que si poníamos unos dientes de ajo, que son antibióticos, al pie del árbol, se evitaban muchas enfermedades.
             Pues bien, los dientes se convirtieron en cabezas, y las cabezas germinaron hasta producir un haz de ajetes un año después. Este es el proceso:
             Los ajetes, por tanto, son ajos tiernos, con las mismas propiedades que el ajo y con un sabor más suave y agradable. Son un condimento que le viene muy bien a multitud de platos. Ensaladas, revueltos, tortillas, acompañando arroces, salsas, etc.
             Los hemos conseguido sin hacer nada. Se regaron con el goteo del árbol, y no hemos tenido que remover la tierra ni ninguna otra tarea, por tanto es un regalo más que nos hace la huerta.
             Tenemos que renovar los ajos a los pies del árbol, para que vuelvan a hacer su trabajo antibiótico y bactericida, y además, poder tener nuestra cosecha de ajetes el próximo invierno.

            Hoy, 25 años después, saboreando estos ajetes, en el calor de nuestro hogar, miro a mi esposa con una sonrisa cómplice y le pregunto: “¿Te acuerdas de aquellos ajetes...?”

jueves, 14 de febrero de 2013

Esos locos bajitos...



            Cuando nacemos nos parecemos a nuestros ancestros. Se establece una pugna por ver quién dice el parecido más razonable. Que si tiene la nariz de su padre, que si los ojos de su madre, e incluso hay algún familiar malintencionado que cree reconocer al vecino del quinto o al mejor amigo de su padre.
            Bromas aparte, es indiscutible que en los seres vivos la genética se impone al tomar la información de ambos cónyuges y, aunque con la cabeza más gorda y los miembros más cortos, nos parecemos mucho a nuestros padres y más aún a nuestros abuelos.

            En el reino vegetal también pasa lo mismo, aunque ese parecido en los primeros momentos no sea tan evidente. No es la primera vez que haciendo trabajos de desherbado nos hemos llevado por delante los brotes recién nacidos de nuestras plantitas al confundirlas con maleza.
            Por eso es indispensable que aprendamos a conocerlas. Pongamos unos ejemplos.
             La col de Bruselas, nadie diría que de adulta se convertirá en un tronco granado de coles pequeñitas.
             La remolacha, que parecen dos orejillas. Más adelante, las hojas comenzarán a ensancharse como las de las acelgas.
             Las zanahorias, ya apuntan maneras, aunque si las sacamos veremos sólo un hilillo de raíz.
             La espinaca es muy rara. Lo primero que salen son dos cintas de color verde, para después, por el centro, formar hojas redondas. Aquí se ve una recién nacida entre dos adultas.
              La lechuga, clavadita a sus padres, pero aún con pocas hojas.
             Estos corazoncitos verdes son las hojas del rabanito. Más adelante comenzarán a multiplicarse los lobulillos de la hoja, quedando irreconocible.
             La cebolla, con sus hojas tubulares, sólo dos, de momento.
             Los puerros, muy similares a las cebollas, pero ya se pueden distinguir por el color y porque sus hojas son planas en lugar de en forma de tubo.
             La mata de la alcachofa, recién salida de la semilla. Más adelante las hojas comenzarán a ser muy dentadas, como con pinchos.
             Esta sí que es difícil de ver. Se trata del espárrago brotado de semilla, que pasa desapercibido porque es como un pelo. Los espárragos se suelen sembrar plantando raíces, pero yo he preferido sembrar la semilla y hacer matas completamente nuevas.

            Esta es una pequeña muestra de nuestras plantas recién salidas de la semilla. El hecho de que muchas no se reconozcan es porque las primeras hojas suelen ser los cotiledones de la semilla, transformados. Las hojas verdaderas se forman cuando crece la yema apical.

lunes, 4 de febrero de 2013

La poda


            A podar enseñó un burro”. Este dicho muy conocido tiene su base lógica aunque no sea totalmente cierto. Por lo que sabemos, la plantas no necesitan ser podadas. Ellas solitas sobreviven –la mayoría- sin este tipo de tratamiento.
            Se cuenta que ya los romanos, observaron que cuando los burros se comían los sarmientos de las cepas de la vid, al año siguiente producían más uva, crecían más sanas y duraban más. Eso les llevó a imitar a los burros, cortando los sarmientos hasta el tronco, y dejando sólo un par de yemas de cada vara.
             Pero la poda es mucho más complicada que lo que hace un burro y si no que se lo pregunten a los expertos. Sólo se aprende a podar podando. En primer lugar tenemos que explicar para qué se poda y los distintos tipos de poda que se pueden hacer. Podamos para dar forma al árbol, para mejorar la producción, mantenerlo y para rejuvenecerlo, y cada una de ellas es distinta.
            Hablaremos aquí de poda de los árboles de hoja caduca. Los cítricos –que trataremos en otra ocasión- , por ejemplo quedarán fuera de este apartado al ser de hoja perenne.
             Poda de formación: Prácticamente todos los árboles tienden a enarbustecer. Es decir, les salen brotes al pie del árbol, convirtiéndolo en un arbusto. Estos brotes no productivos restan muchos nutrientes al árbol y por lo tanto hay que quitarlos. También tendremos que decidir qué forma queremos para nuestro árbol. Se le puede dar forma de espaldera o de copa, alargado verticalmente o achaparrado, con porte bajo o alto, etc. Este tipo de poda se hace cuando el árbol es pequeño, joven y no ha entrado en producción aún. Aquí no hace falta tener muy en cuenta las ramas que quitamos, sino la forma que va a tener el árbol cuando sea adulto.
             Poda de producción: Para este tipo de poda tendremos que tener en cuenta que hay dos tipos de yemas. Unas generarán ramas y otras generarán flores y por tanto frutos. Se trata de establecer un equilibrio entre la cantidad de ramas/hojas con la cantidad de fruto. Las yemas de flor son redondeadas y sobresalen mas de la rama a la que pertenecen. Si se miran desde arriba se puede ver como la cabeza de un espárrago. Las yemas de ramas son más aplastadas y están pegadas a la rama o al tronco.
             Como norma general se poda de dentro a fuera y de abajo arriba. Empezaremos por eliminar las ramas interiores del árbol. En la formación de copa, dejaremos tres o cuatro ramas principales, eliminando todas las ramitas que apunten hacia el tronco. Si las dejamos, el centro del árbol se cerrará a la luz e impedirá tanto que se produzcan flores como que madure la fruta. Valga esto para los árboles que se siembran a raíz desnuda excepto el cerezo que, como vimos es un caso aparte.
            También eliminaremos las ramas que se crucen entre ellas y en general, de las ramas que apuntan en la misma dirección dejar sólo una, haciendo que se distribuyan para cubrir todo el perímetro del árbol.
En este manzano hemos dejado tres ramas principales
             Las que se dejan deberán despuntarse, dejando un par de yemas por debajo del corte.
            No hay que tener miedo, si se siguen las instrucciones, es preferible dejar el árbol algo más desnudo. En árboles sanos es seguro que en la primavera se poblará.
Un ciruelo con cinco ramas principales pero bien abiertas. Hemos eliminado brindillas interiores.
             Poda de mantenimiento: Este es un trabajo que debería hacerse de continuo. A veces, sólo nos damos cuenta de que hemos dejado una rama que no debíamos cuando la vemos cubierta de hojas. Ese es el momento de cortarla. También debemos eliminar los chupones –unas ramas improductivas que nacen generalmente del tronco del árbol y crecen en muy pocos días-, pues al demandar muchos nutrientes del terreno, tiene que alimentarla el árbol, con el consiguiente perjuicio para la producción.
            Ramas que se descontrolan creciendo en direcciones raras, que crecen hacia abajo, que se cruzan, otras a las que se les ha quitado la fruta y ya no son productivas, y en general cualquier anomalía que se produzca en la morfología del árbol.
El peral tiende a cerrar las ramas. Habrá que separarlas con unas cañas.
             Poda de rejuvenecimiento: Es la poda que se hace para eliminar ramas viejas que producen frutos reducidos. Se suele hacer cuando el árbol empieza a ser viejo. Como en su juventud elegimos unas ramas principales, y en las sucesivas podas las hemos respetado, llega un momento que se convierten en improductivas. Suele ser, según la variedad, entre 4 y 6 años –excepto los olivos-. Para ello, convertiremos en principales algunas ramas del año anterior, eliminando las de madera vieja. Este proceso no siempre sale bien, y en ocasiones el árbol termina muriendo si se renuevan todas a la vez, con lo que es mejor ir renovando poco a poco.
Un membrillero, al igual que el peral, con las podas sucesivas intentaremos separar las ramas.
             Sólo un consejo más. Si se poda cuando el árbol está desnudo de hojas, no hay problema, pero cuando la poda es con el árbol en verde y las ramas a cortar tienen un diámetro superior a los 15 mm, sería conveniente tapar las heridas con alguna masilla antiséptica. Tambien viene muy bien pulverizar el árbol con purines de ortiga tras la poda. 
El cerezo, como caso particular, se mantendrá cerrado del centro. Solo despuntar ramas periféricas.
             Todo esto son normas muy generales. Se han escrito auténticas enciclopedias sobre poda, por lo que no vamos aquí a explicar todos los casos posibles. En Internet se encuentran miles de videos explicando cómo se poda, y aún así, solo la observación, la experiencia de cada uno y su criterio particular consiguen buenos resultados. A mi me han puesto pegas gente que ha visto mis podas porque su criterio era distinto al mío –no es lo mismo podar en copa que en espaldera y para alguien que sabe podar en espaldera, cualquier poda en copa le parece que está mal-. Así que animo a todos a que podéis sin miedo para aprender. Si te gusta como queda tu árbol y te produce la fruta que necesitas ¿quién puede ponerle pegas?

lunes, 28 de enero de 2013

Plantas Vs. Insectos 1-0


            Me da mucha rabia que recién puestos los plantones, los insectos y limacos se coman el brote central. Esto que para una lechuga es relativamente llevadero –rebrotan-, para las plantas de brócolis, coliflores y romanescus es letal, porque salen del brote central y al comérselos, por más que no afecte a las hojas, inutilizan la cosecha. Es por eso que siempre colocaba algunos granos de antilimacos (unos gránulos verdes que al contacto con el agua se convierten en un gel venenoso que atrae a los caracoles y babosas matándolos).
            Es efectivo y –según dice la etiqueta- la sustancia no es nociva para las planta ni para el terreno, pero yo pienso que cuando muere el bicho en cuestión, irremediablemente la sustancia pasará al terreno, y del terreno a nuestras plantas y a nosotros mismos. Por eso, este año he decidido no usarlos.
            Trasteando por Internet, encontré algunos remedio caseros, como poner un frasco de cristal enterrado hasta la mitad con agua –dicen que el agua los atrae y se ahogan-, o con cerveza -¿perderán la orientación borrachos?-, o espolvoreando sal (¡cielos!, eliminar los limacos a costa de empobrecer el terreno) etc.
            Como no me convencía ningún remedio, decidí que, teniendo espacio para sembrar y en vista de que en invierno ni hay que regar ni tiene mucho mantenimiento el huerto, gastar parte del presupuesto de los antilimacos en más plantones, y dar por perdida parte de la cosecha que se comerían los amables bichitos. A fin de cuenta, las gallinas de mi vecina agradecerán las hojas tiernas de las brócolis y las coliflores.
             Y ahora viene la sorpresa. Efectivamente, de 15 plantas de coliflor sobrevivieron 8, pero como dejé las plantas afectadas que siguieron creciendo, observo que de las axilas de las hojas, comienzan a salir nuevos brotes que generan más coliflores y brócolis.
            Es cierto que son bastante más pequeñas, pero salen varias, y entre todas pueden llegar al volumen de una coliflor completa. Y sobre todo, evitamos usar componentes químicos que a la larga terminan envenenando nuestros campos.


            Y es que cuanto más experimento con la huerta, mas cuenta me doy que hemos llegado hasta aquí gracias a que la Naturaleza inevitablemente se impone a nosotros. Por más inventos que hagamos para conseguir mejor y mayores cosechas empobreciendo los terrenos, sólo hacemos retrasar el plan que ese ser vivo llamado Tierra tiene destinado. Como los limacos para los plantones, somos un parásito para Gaia. Pero su fuerza es tan grande, que no podremos causarle más que un catarro y para entonces ya no viviremos para verlo. Somos más vulnerables que ella.
            Cuidémosla, porque nos va en ello nuestra propia existencia.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La granadina, el jarabe de la granada.



            Cuando era pequeño, había en casa una botella con un líquido rojo-rosado que me llamaba mucho la atención. Mi padre, al que le gustaban los licores, no ponía pegas para que tomáramos una copita en Navidad ya que no tenía alcohol. Estaba riquísimo, aunque alguna de mis hermanas dijeran que sabía a farmacia.
             La granadina es mermelada del jugo de la granada, y se hace igual que cualquier mermelada, sólo que con menos azúcar y sin añadir ni la pulpa ni las pepitas.
            Vamos a mostrar como la he hecho.
            En primer lugar debemos seleccionar las granadas más maduras. Los granos deben estar muy rojos, pues es lo que dará color y vistosidad a la bebida. Desgranamos a mano las granadas evitando las láminas blanco-amarillentas que separan los granos porque amargan.
             Con la maza de un mortero aplastamos los granos para conseguir que salga el líquido. Luego ayudándonos con un colador, sacamos todo el jugo posible. Esto evita que pasen las pepitas y los restos de la pulpa.
            Una vez conseguido el líquido, añadimos azúcar y el zumo de un limón pequeño. La proporción es 60% de jugo de granada por 40% de azúcar. La receta original, en lugar de limón lleva una cucharada de agua de azahar, pero a mi me gusta más con el zumo del limón.
             Al fuego dejando hervir lentamente durante 10 minutos revolviendo para disolver todo el azúcar. Colamos de nuevo con un papel de celulosa para eliminar cualquier resto y dejar la bebida lo más transparente posible.
            Tras dejar enfriar, podemos usarlo para dar sabor y color a postres y tartas. También es un buen refresco para niños y personas que no pueden tomar alcohol. La proporción es 1/7 de granadina por 6/7 de refresco (limón con gas, naranja con gas, agua tónica, agua con gas, soda, ginger ale, etc).
            Se puede hacer un cóctel sin alcohol muy famoso el Shirley Temple: 2 partes de giger ale, un chorrito de granadina, una parte de zumo de naranja, hielo y se adorna con rodaja de limón y cerezas.
            Para las navidades, podemos hacer un falso cava rosado si añadimos unas gotitas sobre el cava normal, y para los niños es un chupito sin alcohol de lo mas dulce. Salud.

Un chascarrillo.
Perséfone y la granada.

 
           La Mitología griega siempre se ha empeñado en dar explicación a los fenómenos de la Naturaleza.

          Perséfone, hija de Zeus el dios del cielo y Deméter diosa de las cosechas, recogía lirios junto a sus hermanas las ninfas. Hades, hermano de Zeus y dios del inframundo, prendado de su belleza, la rapta y la hace comer una granada. Cualquiera que comiera algo en el inframundo quedaría allí para siempre. Deméter, atormentada por la desaparición de su hija, vaga por la tierra sembrando desolación y esterilidad. Zeus, al ver la tristeza de Deméter, decide ayudarla, y acuerda con su hermano Hades devolver a Perséfone a su madre al menos la mitad del tiempo.

         La escultura de Bernini que se encuentra en el museo de Roma llamado Gallería Borghese, representa el momento del rapto de Persefone-Proserpina por parte de Hades-Plutón. Aparece a sus pies el can Cerbero, guardián de las puertas del infierno.

 

            Deméter -también llamada Ceres por los romanos-, recupera todos los años su alegría -la primavera- al ver a su hija Perséfone -Proserpina para los romanos-, regresar a la tierra. 

          Cada año, los granados se mantienen vivos, brillantes y lustrosos durante seis meses, de Abril a Octubre. De Noviembre a Marzo, como Perséfone, inexorablemente vuelven al inframundo.

martes, 27 de noviembre de 2012

Siembra continua de lechugas


            La lechuga, como ya vimos en su momento, a pesar de ser una de las verduras que maduran más rápidamente, son bastante difíciles de cultivar por los requerimientos de humedad y temperatura. De hecho, yo siempre había comprado los plantones porque no conseguía que germinaran. Si pones la semilla en las bandejas de porespán alveoladas y están en interior, no consiguen suficiente luz para germinar. Si las sacas al aire, la tierra se seca con facilidad y tampoco tiran.

            Así que se me ocurrió otro procedimiento. Consiste en preparar un trozo de tierra al aire libre, pero al abrigo de los fríos y permitiendo la mayor cantidad de luz posible, cubriéndolo con un plástico transparente.


            Habilité un espacio como de 80x40 cm. a la sombra de un seto de arizónica. El seto está colocado en dirección norte-sur, por tanto proyecta la sombra de poniente, manteniéndose soleado hasta el mediodía. Para evitar que la sombra enfríe la tierra he colocado unos trozos de tubo de goteo en forma de arco, y cubiertos por un plástico transparente.


            La tierra, mezclada con un poco de sustrato vegetal, y muy batida para que se mantenga muy tierna. Las semillas directamente sobre la tierra y pasando suavemente la carda por encima. La humedad es suficiente con las primeras lluvias del otoño, para no tener que regar. Las posteriores lluvias no afectarán al terreno al estar cubierto, sin embargo, el agua que caiga alrededor del semillero seguirá cediendo humedad sin apretar la tierra, con lo que no hay que regar nada.


            De cuando en cuando, la condensación de la humedad en el plástico se puede revertir al terreno golpeando ligeramente el plástico con un dedo.

            A mediados de Octubre fabricamos el semillero, y en un mes pudimos sacar los primeros plantones. Al estar la tierra tan suelta, sólo tirando de la parte verde, sale completamente con toda la raíz. Los colocaremos en el mismo surco donde hemos cosechado las primeras lechugas. Como las pusimos a uno 30-40 cm de distancia, y la raíz de la lechuga no suele superar los 10 cm de diámetro, en el espacio entre dos lechugas cosechadas se puede sembrar un nuevo plantón, pues aún encontrará nutrientes para desarrollarse.


            De esta manera, se puede tener un suministro continuo de plantones, ya que hasta que no se trasplantan no comienzan a acelerar el desarrollo, manteniéndose parados pero frescos durante meses. Aquí se puede ver una lechuga plantada hace 10 días y al lado otra reciente.

            Parece que funciona, así que de momento, dejamos de comprar plantones de lechuga y compraremos un sobre de semillas, que es más barato y al menos duran tres años. Otro ahorro.